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la década prodigiosa / antonio regalado

Este viernes se entregarán, en la “Gala anual”,  diplomas, placas y medallas (de bronce, plata y oro) en reconocimiento a la gente del deporte en Castilla-La Mancha. En esta edición, las comisiones nacionales antiviolencia y antidopaje y «La Vuelta» a España han sido galardonadas con distinciones al Mérito Deportivo.

La gestión del deporte en nuestra región tiene un nombre propio: Javier Martín del Burgo. Nos conocimos en su época de diputado a Cortes por Ciudad Real donde impulsó las «Jornadas Ciclistas» que, lógicamente, tras su ausencia, han quedado aparcadas en la cuneta del olvido.

Cuando lo nombraron director general de Deportes inició un trabajo ímprobo, -a veces incomprendido- que hoy rinde sus frutos. Diez años después, los deportistas castellano-manchegos están en la elite. Castilla-La Mancha-Olímpica -el ADO regional- ha sido el mayor hallazgo. Unir esfuerzos y dineros institucionales y privados, y ponerlos al servicio exclusivo de los deportistas que se encuentran en los primeros puestos de las clasificaciones oficiales nacionales y que participan en competiciones internacionales es una tarea difícil que ha congregado ensu órbita a casi un centenar de estrellas del deporte, arropados por veteranos y sin olvidar la base, la escuela. Y la formación continúa. Cuarenta y un deportistas están subvencionados este año frente a los 14 de 1998.

Esa progresión constante -de crecimiento sostenido, se dice ahora- es la que permite albergar las mejores esperanzas para cosechar triunfos en Pekín y Londres. J.M. del Burgo es el último «Quixote» de la política. Podría haber sido, por lealtad y experiencia con Bono y con Barreda, consejero. Ha preferido el trabajo callado, que le sucedieran en Educación hombres del aparato socialista. Él, a lo suyo: a fijar principios, metas; a amparar los derechos de los deportistas, a apoyarlos para «el día después» de abandonar la competición; a velar por los valores deportivos, por la transparencia en los estamentos federativos -sólo dos mandatos en la presidencia- y, sobre todo, a encauzar el movimiento asociativo.

El deporte como religión para la vida, -siempre ha sido Javier escrupuloso en la defensa de los aspectos éticos-, para la salud, el ocio, el espectáculo, y el ejercicio profesional. Hubiera sido un excelente secretario de Estado para el Deporte pero Rubalcaba apostó por su amigo Jaime Lissawesky.

Mejor para Castilla-La Mancha, que ha consolidado una década prodigiosa en lo deportivo. Aunque solo hubiera sido por integrar al «indómito» Federico Martín Bahamontes en la causa «regional» habría dado por bien empleados estos diez años tan prodigiosos. Los honores (otra vez) se los llevarán otros. Pero justo es reconocer el trabajo bien hecho. A un hombre y a un equipo. Enhorabuena, viceconsejero.


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