En el reino de Peter Pan / Antonio Regalado
“Houston, tenemos un problema”. La famosa frase pronunciada por el comandante del Apolo XIII, Jim Lowel, justo ahora hace 32 años, cuando en la tercera jornada de la misión a la Luna , se produjo un escape al remover los tanques de oxígeno y se perdió el control de la nave obligando a la tripulación a regresar a tierra en el módulo lunar, viene que ni piripintada para reflejar con exactitud la situación de nuestros hijos. Padres, tenemos un problema. Y un problema serio. Si nos miramos en el espejo europeo y más concretamente en el francés, nos encontramos con una juventud inmadura, subvencionada e incapaz de crecer. Es lo que los sociólogos llaman el “complejo de Peter Pan”. Peter vivía siempre acompañado de su hada Campanilla en el ‘País de Nunca Jamás’. Y en las noches de luna llena aún puede divisarse en alta mar al Capitán Garfio y a sus malvados amigos nadando desesperadamente, perseguidos por un infatigable cocodrilo, tras arrojarlos por la borda nuestro simpàtico héroe.
Peter Pan no quiere hacerse mayor. Ése es su pecado de origen. Y eso es, precisamente, lo que les pasa a nuestros jóvenes de entre 15 y 24 años. Según un estudio de la Fundación Santa María, esta generación tan consentida, se ve consumista, egoísta, pasota y poco sacrificada. Unos rebeldes sin causa que adoran a los padres por las comodidades –gratis-total- de una habitación limpia e individual, el frigorífico lleno, el coche a la puerta y salario mínimo para el fin de semana. El informe no tiene desperdicio. El terrorismo, la droga, el paro, la vivienda y la violencia de género les inquietan más que la corrupción política, la ecología, la pobreza o la seguridad ciudadana. La bandera de la solidaridad y de la tolerancia la han arriado a media asta en la última década; la mitad no sabría a quién votar hoy; se confiesan mayoritariamente de centro-izquierda –sin saber por qué- y uno de cada cuatro se siente más autonómico que español. Paralelamente, los que más se identifican con su comunidad son menos religiosos. La Seguridad Social es, con las ONGs, la institución más respetada; paradójicamente, sienten más desconfianza por la Iglesia que por las multinacionales.
La juventud actual, que dice ser independiente, justifica más el divorcio, la eutanasia o la adopción de hijos entre gays/lesbianas que la clonación, la pena de muerte o rayar el coche. Adoran la salud, la familia, los amigos y conocidos pero cada vez practican menos deporte. El botellón, escuchar música e ir de copas son las tres pasiones para matar mejor el tiempo de ocio. Lo que arrasa es el uso intensivo del móvil. (No aclara el estudio si la factura mensual la paga papá). Suponemos que sí. El trabajo es tan sólo un instrumento; la adicción a la tele, al cine y a Internet va ‘in crescendo’ en la misma proporción que disminuye la lectura. La encuesta “Jóvenes Españoles 2005” confirma que el cambio de valores es vertiginoso y revolucionario. E Irreversible. Les falta fe. De ahí la inseguridad personal y colectiva. Les falta responsabilidad. Y libertad. Tenemos un problema. O, algo peor: que nosotros sigamos instalados en el Pais de Nunca Jamás.
Peter Pan no quiere hacerse mayor. Ése es su pecado de origen. Y eso es, precisamente, lo que les pasa a nuestros jóvenes de entre 15 y 24 años. Según un estudio de la Fundación Santa María, esta generación tan consentida, se ve consumista, egoísta, pasota y poco sacrificada. Unos rebeldes sin causa que adoran a los padres por las comodidades –gratis-total- de una habitación limpia e individual, el frigorífico lleno, el coche a la puerta y salario mínimo para el fin de semana. El informe no tiene desperdicio. El terrorismo, la droga, el paro, la vivienda y la violencia de género les inquietan más que la corrupción política, la ecología, la pobreza o la seguridad ciudadana. La bandera de la solidaridad y de la tolerancia la han arriado a media asta en la última década; la mitad no sabría a quién votar hoy; se confiesan mayoritariamente de centro-izquierda –sin saber por qué- y uno de cada cuatro se siente más autonómico que español. Paralelamente, los que más se identifican con su comunidad son menos religiosos. La Seguridad Social es, con las ONGs, la institución más respetada; paradójicamente, sienten más desconfianza por la Iglesia que por las multinacionales.
La juventud actual, que dice ser independiente, justifica más el divorcio, la eutanasia o la adopción de hijos entre gays/lesbianas que la clonación, la pena de muerte o rayar el coche. Adoran la salud, la familia, los amigos y conocidos pero cada vez practican menos deporte. El botellón, escuchar música e ir de copas son las tres pasiones para matar mejor el tiempo de ocio. Lo que arrasa es el uso intensivo del móvil. (No aclara el estudio si la factura mensual la paga papá). Suponemos que sí. El trabajo es tan sólo un instrumento; la adicción a la tele, al cine y a Internet va ‘in crescendo’ en la misma proporción que disminuye la lectura. La encuesta “Jóvenes Españoles 2005” confirma que el cambio de valores es vertiginoso y revolucionario. E Irreversible. Les falta fe. De ahí la inseguridad personal y colectiva. Les falta responsabilidad. Y libertad. Tenemos un problema. O, algo peor: que nosotros sigamos instalados en el Pais de Nunca Jamás.
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