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Rapsodia bajo la lluvia / Antonio Regalado

                                

La cabeza de la manifestación, -Irene Villa y  amigos-, llegaron hasta el escenario en la confluencia de las calles Serrano y Jorge Juan, cabalgando sobre unas motos eléctricas, color rojo Burdeos,  entre aplausos del público que les esperaba desde las cinco y media;  a esa hora debería haber partido de la Plaza de la República Argentina la manifestación contra la negociación con ETA.  Pero el exceso de gente, la retrasó casi 30 minutos mientras las nubes amenazaban lluvia.
La convocatoria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha sido un éxito pese a la guerra de cifras –100.000 almas según la Delegación del Gobierno y  1.400.000 desde la Consejería de Interior de la CAM.  Los asistentes tenían claro que habían acudido allí por una causa noble – “por ellos (los ausentes); por todos” y que el viento, el frío, la lluvia no les iba a arredrar. Así es que aguardaron estoicamente a lo largo del recorrido (Serrano, Colón)  para decirle al gobierno que no negocie con Eta en su nombre; en su nombre, no.
Muchos manifestantes llevaron de casa las pancartas con los eslóganes alusivos en especial al presidente: “España no se rinde”, leía en unos; “ zETAp –el que más le duele- en otros.
Allí estaba representada la  España real y plural; plural en edad y condición- real en cuanto sabían porqué estaban allí. Reconocí en el extremo izquierdo  de la segunda línea de protagonistas a la ex ministra de Exteriores  Ana Palacio. Y ya, confundidos con el populacho, en loor de multitud, toda la plana mayor del PP, encabezada por Rajoy con su escudero Angel Acebes, la presidenta madrileña Esperanza Aguirre y el líder del PP en el Senado, Pío García Escudero, el hombre que controla sin piedad Zp en la Cámara Alta y que le ha arrancado en los últimos meses las mayores contradicciones políticas.  Un ejemplo: “La nación –ZP dixit en el Senado- es un concepto discutido y discutible ¿recuerdan?.  Aznar, quiso confundirse entre el público. Es difícil para un ex presidente pasar desapercibido y más para él que luchó  contra el terrorismo con todas sus fuerzas desde dentro del Estado de Derecho. Y fue un objetivo deseado.  Por eso, ahora, le duele  que Zapatero esté claudicando y retrotrayéndonos a los peores años de sangre y plomo.
Los helicópteros de Telemadrid no pudieron cumplir su cometido porque la tarde se cerró de golpe mientras la megabandera roja y gualda que ondeaba en el mástil de la Plaza  bailaba con el viento y las lluvias.
Las breves palabras de Isabel San Sebastián pusieron al público en antecedentes de que lo mejor estaba por llegar. “Memoria, dignidad y justicia –predicaba la periodista- frente al olvido, la claudicación y el borrón y cuenta nueva”. Los aplausos arreciaron mientras la lluvia lloraba con rabia sobre el corazón de la capital del Reino. Quizás, lloraba no solo por las víctimas (por los ausentes) sino también por todos nosotros. El minuto de silencio con el que se abrió la ceremonia resultó interminable, tenso, sonoro… emocionante.
El compositor Manuel Carrasco, en una intervención que recordará  siempre –de siete y diez a siete y dieciocho- interpretó en rigurosa exclusiva el “Himno  a las víctimas”, una rapsodia, casi húngara, que el respetable público escuchó estremecido; le vimos subir al escenario, frotarse las manos para abatir el frío mientras unos voluntarios le arropaban con un plástico azul para que, en la mitad de la calle, pudiera interpretar su personal versión de la tragedia terrorista. El ‘Kawai” negro de cola, recién afinado por un colaborador una hora antes, emitía unos acordes y unas notas nítidas; los ágiles dedos de Carrasco transmitieron emoción, cariño, muerte, vida y esperanza. Mucha esperanza. No necesita letra. Nos estremeció en algunos compases. Enhorabuena, maestro, por compendiar en esa pequeña obra tanto sentimiento. Lo bueno, si breve, apunta siempre al corazón. El público premió con aplausos una pieza digna de ser escuchada en soledad. Y con los ojos cerrados.
Cuando llegó el turno al presidente de la ATV, Francisco José Alcaraz, los asistentes habían olvidado que llovía intensamente. Hubieran soportado el diluvio.  Bajo un silencio solemne, comenzó diciendo a los asesinos, a sus cómplices, a los  que los justifican y a los que comparten proyectos con ellos, que “hoy  estamos en el principio del fin; pero…en el principio del fin de la impunidad de la que Eta y su entorno vienen gozando en estos últimos años”.
Cuando el colectivo comulga con las ideas todo es más fácil. Sucede en el fútbol, en la política –sea cual fuere el colectivo y el mensaje- y aquí, en esta concentración por la libertad, sucede también. Con un guión bien construido, Alcaraz, tras dar las gracias a jueces, magistrados, FSE y recordar el sufrimiento de las miles de familias que sufren el zarpazo del terror, llegó al punto culminante justo en el ecuador de   su discurso:
Sí, queremos la Paz pero no a cualquier precio”. Enfatizó. Y tras una pausa, continuó: “Queremos la Paz que garantiza la libertad, no la del silencio y la humillación. Queremos la Paz de la justicia, no la de la impunidad de los asesinos. Queremos la Paz de la Comunidad Autónoma Vasca libre, no la paz de los perseguidos y amenazados. Queremos la paz que proporcionará la derrotada banda terrorista, no la paz que amparada en proyectos políticos legítima a los verdugos. Queremos la Paz de la Memoria, la Dignidad y la Justicia, no la Paz de los cementerios. No estamos en guerra. Sólo hay asesinos y una sociedad que es víctima de su terror.”
Luego, aseguró que el proceso de paz, sin vencedores ni vencidos, equiparando víctimas y verdugos, “es convenir que vuelvan a disparar sobre el cadáver de nuestros familiares asesinados para así satisfacer las exigencias de los criminales de ETA”.
Recordó que en el País Vasco no existe libertad; que los concejales constitucionalistas siguen escoltados mientras Batasuna-ETA se manifiesta con total impunidad. Hizo suyas las palabras de una concejala que reside allí: “antes nos mataban, ahora no nos dejan vivir”. Pidió al Presidente del Gobierno que lo único que esté dispuesto a escuchar de ETA sea “el nombre y apellidos de los terroristas responsables de atentados como el de Vallecas, Aluche, Leiza, Sangüesa y muchos más que no se han podido juzgar”.
Con un público entregado, Alcaraz, dolido sin duda por la ausencia de Zapatero en el último Congreso de VT, celebrado en Valencia, advirtió al inquilino de La Moncloa que “las víctimas no estamos dispuestos a someternos al vergonzoso, demencial y siniestro de pacificación que el Gobierno quiere vendernos sin vencedores ni vencidos”. “Por eso –deletreó- desde aquí decimos muy alto y muy claro: en mi nombre... ¡No!”
No creo que Zapatero haya llamado al presidente de la AVT para felicitarle por el comportamiento cívico de los congregados, llegados por tierra, mar y aire desde todos los rincones de España como lo hiciera ocho días atrás con el Joan Puigcercós, de ERC, tras sacar a las calles barcelonesas a 100.000 personas para protestar por los recortes del Estatut. Zp admitió en privado que había calculado mal su distancia de las víctimas del terrorismo. Más allá de que algunos grupos aprovecharan para pedir su dimisión, que unos pocos le llamen mentiroso y los menos, traidor, el presidente del Gobierno de la Nación tiene la obligación de no abrir una brecha de olvido insondable con las víctimas del terror.
A los ciudadanos que tomaron las calles de Madrid por tercera vez en trece meses y cinco días para solidarizarse con las víctimas del terror y exigir al Ejecutivo que no negocie con asesinos sin piedad y sin entrañas, a esos españoles, decía, les interesa, sobre todo, España. Tal cual. Esta asignatura pendiente más complicada que el Estatut e incluso que la autodeterminación que exige el PNV.
La ATV –ni un músculo de rencor y de odio- han librado una lucha contra el terror utilizando sólo y exclusivamente la palabra, sin bombas, sin pistolas, sin amenazas y sin trampas políticas como han hecho los pistoleros y los cómplices etarras. Más de 30 años de terrorismo, más de 30 años de sufrimiento, amenazas, secuestros y extorsiones –ahí están las valientes denuncias del comité de empresa de Barrenechea, calificando a ETA de “grupo mafioso”, tras sufrir un atentado por negarse los dueños a pagar el  mal llamado impuesto revolucionario- no pueden acabar en una rendición del Estado de Derecho.   
Todos queremos la paz. Pero las víctimas nunca han estado en guerra. Jamás se han tomado la justicia por su mano. Por ello, la gente, mientras se disolvía pacíficamente, se había quedado con la copla de Isabel San Sebastián. La retomamos: “frente al olvido, la claudicación y el borrón y cuenta nueva, memoria, dignidad y justicia. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.
                                                                                  

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